Suscríbase a nuestro boletín mensual INFÓRMATE, para recibir nuestros documentos digitales y lo más reciente de FUSADES.

Suscríbase

¿El fin del diálogo?*

Autor: 
Luis Mario Rodríguez R.**
Fecha: 
Vie, 07/17/2020

A la fecha, El Salvador no cuenta con un marco legal que regule la emergencia provocada por el Coronavirus. En su defecto, algunos alcaldes están implementando medidas de prevención pero sus competencias son limitadas. El presidente Bukele vetó tres leyes aprobadas por la Asamblea Legislativa que contenían facultades y atribuciones para combatir al COVID-19 y que establecían las fases para una reapertura ordenada de la economía. Su insistencia por administrar la pandemia con decretos ejecutivos fue contenida por la Sala de lo Constitucional. Esta misma instancia conoce actualmente sobre las controversias entre el Ejecutivo y el Legislativo debido a que los diputados superaron los vetos del mandatario a las leyes mencionadas.

Lo cierto es que la falta de diálogo está cobrando vidas. Los secretarios del presidente dicen que el gobierno no seguirá perdiendo el tiempo en deliberaciones estériles. Repiten constantemente que pasaron seis días debatiendo con los grupos parlamentarios uno de los tantos proyectos de ley cuando la Sala les ordenó buscar consensos sobre un ordenamiento legal que regulara la crisis de salud por la pandemia. Ese intentó terminó con el veto del presidente. Los legisladores discuten una nueva iniciativa del Ejecutivo presentada el 24 de junio en la que piden otra “cuarentena estricta” de 15 días más.

El Colegio Médico, asociaciones de abogados y especialistas en derecho constitucional atendieron el llamado del Legislativo para opinar sobre la petición del presidente. El ministro de Salud rechazó la invitación. Frente al alboroto local existe un consenso internacional sobre la necesidad de establecer confinamientos obligatorios de los ciudadanos en los poblados donde hay un mayor número de contagios. Ante los rebrotes, los distintos países están aplicando estrategias focalizadas.

En Panamá, las autoridades hicieron ajustes a las restricciones de tránsito y reunión imponiéndolas en la capital y en las zonas que presentan un aumento considerable de infectados. En Costa Rica acordaron criterios de priorización para determinar por dónde se está moviendo el virus y los lugares que tienen mayor circulación del mismo. De esta manera, el presidente Carlos Alvarado anunció limitaciones a la movilidad y al comercio principalmente el área metropolitana. En España han identificado que el 64% de los nuevos casos (rebrote) se concentran en las comunidades autónomas de Cataluña y Aragón. Los gobiernos locales están tomando medidas para evitar una nueva y peligrosa expansión del virus. Ante el repunte de contagios, las autoridades indias se vieron obligadas a imponer de nuevo medidas de confinamiento en el estado de Bihar, en el norte del país, donde viven unos 120 millones de personas de un total de 1350 millones de habitantes.

En prácticamente todo el mundo la controversia no se centra en si son o no necesarias las cuarentenas. Los análisis se enfocan en detallar las zonas en las que debe aplicarse aquella medida. El resto del territorio mantiene una severa vigilancia que no detiene ni la reapertura económica, con estrictos protocolos de salud, ni el desconfinamiento de los habitantes.

La alergia de los políticos a los pactos de nación multiplicará por cien los efectos de la pandemia. Las consecuencias que tendrá el coronavirus en la economía, el desempleo y, en general, en el progreso social son bastante claras. Las proyecciones son escandalosas. Retrocesos de hasta diez o quince años en términos de profundización de la pobreza, la eliminación de decenas de miles de puestos de trabajo formales y el incremento de la brecha en educación entre aquellos que tienen acceso a medios virtuales y los que no por carecer de las condiciones que requiere esta nueva modalidad. También se señalan la expansión, como nunca, del endeudamiento público, la reducción de los servicios públicos por falta de recursos y serias secuelas psicológicas por el largo encierro al que ha sido sometida la población. Estas son algunas de las peores secuelas del COVID-19 para los próximos meses y años.

El diálogo en el ámbito político, más que una virtud de quienes lo practican, es una obligación. Sin el concurso de voluntades no hay políticas públicas y sin éstas prevalecen la arbitrariedad y la improvisación. Por ahora lo que vemos es una competencia por echar culpas y atribuir responsabilidades. La maniobra parece enfocada a ganar más curules en el Legislativo. Cuanto más grande el caos, según piensan algunos, mayor es la justificación para concentrar poder en la Asamblea y quitarse de encima a la incómoda oposición política.

Después de la pandemia seguirán existiendo opiniones contrarias y habrán problemas más agudos de los que tenía el país hace cuatro meses. Poner fin al diálogo agudizará las contrariedades y dará paso a un estilo de gobernar abiertamente autoritario.

*Originalmente publicado en El Diario de Hoy

**Director del Departamento de Estudios Políticos

Share

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.