Suscríbase a nuestro boletín mensual INFÓRMATE, para recibir nuestros documentos digitales y lo más reciente de FUSADES.

Suscríbase

¿Fraude en las internas?*

Autor: 
Luis Mario Rodríguez R.**
Fecha: 
Vie, 07/24/2020

 

 El pasado fin de semana comenzaron las internas en los partidos políticos. Se trata de un mandato de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia que ordenó a las organizaciones partidarias elegir a los candidatos a alcalde, diputado, presidente y vicepresidente, así como a sus máximas autoridades a través de un procedimiento que garantice, como mínimo, el voto libre, directo, secreto e igualitario y la posibilidad de impugnar un proceso si se comprueban irregularidades en su ejecución.

Con anticipación a la sentencia de la Sala, algunos partidos “ensayaron” este tipo de prácticas democráticas. Los vicios en la elaboración del padrón interno y el uso de mecanismos como la “votación a mano alzada” o la designación “por aclamación”, nublaron la transparencia de esos primeros ejercicios.

Esta manera de escoger a quienes competirán por cargos públicos presenta, como mínimo, dos consecuencias. En primer lugar genera un ambiente de apertura en las filas del partido. Las “hábitos” del pasado que permitían los nombramientos de candidatos “a dedo” ya no tienen cabida en pleno siglo XXI. En la mayoría de países en América Latina los partidos realizan “primarias” en las que participan los que tienen interés de llegar a la Asamblea Legislativa, a las alcaldías o al Ejecutivo.

En algunos sistemas los electores no son sólo los afiliados sino todos los ciudadanos interesados en respaldar una determinada candidatura. Se trata de “primarias abiertas” que se desarrollan en un mismo día por parte de todos los partidos y donde la autoridad electoral supervisa la transparencia de la contienda. Esta clase de jornada sirve como “termómetro” para conocer el nivel de aceptación de los diferentes pretendientes y puede significar una ventaja para el partido que los postula.

Por otro lado, no puede esconderse que esta forma de nominar a los candidatos fomenta la competencia entre correligionarios de un mismo partido. Si no se administran correctamente, las elecciones internas pueden generar divisiones y resentimientos. Las internas también fragmentan el financiamiento político porque los precandidatos buscarán apoyos económicos para dar a conocer, entre sus correligionarios, las promesas de campaña.

Otro efecto inmediato de las internas es el de empoderar al que resulta ganador. Pasa lo mismo con los candidatos a diputados en un sistema de listas abiertas, como el salvadoreño, donde gana la “curul” el que más marcas consigue. El electo crea un vínculo con los miles de habitantes que respaldaron sus ideas aunque en realidad se trate del proyecto del partido. Quienes le votaron le exigirán que cumpla su oferta electoral y que mantenga posiciones que coincidan con los intereses de la sociedad. Los que asumen como legisladores, si bien atienden el ideario de su partido, disienten de aquellas iniciativas que van en contra de lo que piden los militantes y los electores que los eligieron como diputados. Otra cosa muy diferente es renegar sin razón alguna y avalar creencias que chocan frontalmente con los principios doctrinarios de la organización.

Las denuncias por un posible fraude electoral empañaron el proceso interno del partido oficial. Los militantes han amenazado con acudir al Tribunal Supremo Electoral (TSE) si las instancias competentes de esa organización política no resuelven conforme a derecho. El organismo colegiado tiene la obligación de solucionar las disputas internas y escudriñar si los organizadores del evento desnivelaron la mesa para favorecer a un determinado grupo de precandidatos. El uso del voto electrónico sin una auditoría independiente y sin la fiscalización por parte de todos los aspirantes a una candidatura incrementa las sospechas de los que acusan a la dirigencia de haber cargado los dados en beneficio de sus ungidos.

La democracia interna no elimina las malas prácticas. De no regularse correctamente, replica las imperfecciones que se presentan en las elecciones generales. Por eso es necesaria la vigilancia por parte del árbitro electoral. De lo contrario los partidos seguirán acumulando el resentimiento ciudadano y el afectado será el sistema político y, en última instancia, la democracia.

Sin la intervención del TSE las cúpulas de los partidos impondrán su voluntad. Las listas incorporarán a los candidatos “leales” y dejarán por fuera a los que la militancia reconoce como verdaderos líderes. La situación es más grave cuando se trata del partido afín al Ejecutivo. Varios de los electos desempeñan cargos en el gabinete de gobierno.

Al presunto engaño de los que exigen transparencia en los resultados de las internas podría sobrevenir el ventajismo oficial que promueve, ilegalmente, el apoyo de esas candidaturas con recursos públicos. Se trata de otra prerrogativa artificial que debe ser combatida por el TSE, la Corte de Cuentas y la Fiscalía General de la República.

 

*Originalmente publicado en El Diario de Hoy

**Director del Departamento de Estudios Políticos

Share

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.