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¿Una base partidaria propia?

Autor: 
Luis Mario Rodríguez R
Fecha: 
Jue, 06/25/2020

¿Una base partidaria propia?*

Luis Mario Rodríguez R.**

 

El oficialismo participará por primera ocasión en una cita electoral. Nuevas Ideas (N) no cuenta- por lo menos no lo ha demostrado públicamente ni ha participado en ningún evento comicial que confirme lo contrario- con una amplia base territorial a nivel nacional. La gente identifica a este partido, y en menor medida a GANA, con el mandatario y con varios de sus funcionarios que a la vez militan en esos institutos políticos. Los resultados del próximo evento confirmarán si ese reconocimiento se traduce, o no, en un apoyo popular al partido con el que el presidente Bukele pretende disputar las legislativas y municipales de febrero de 2021.

Según los líderes de N, el partido tiene una base de afiliados cercana al medio millón de personas. Sin embargo, apenas un 10% de su padrón interno acudió a las elecciones internas para designar a sus máximas autoridades.

El presidente Bukele tiene el reto de consolidar una base partidaria – y de simpatizantes no necesariamente afiliados- que se traduzca en votos para la elección de 2021. Si lo logra, el mandatario aseguraría una bancada oficial que le facilitará la negociación de sus iniciativas y, por tanto, estará “menos condicionado” por los diputados de otros partidos políticos. Este reclamo del mandatario es una verdad a medias. Lo es porque durante la actual legislatura, incluso durante la etapa de la pandemia, el presidente ha recibido el beneplácito en prácticamente todas sus propuestas de ley, con excepción de aquellas en las que el gobernante y sus asesores insisten en incumplir las sentencias de la Sala de lo Constitucional.

Con la finalidad de apuntalar electoralmente a N, el gobernante repite constantemente que las fuerzas políticas de oposición obstaculizan a su gobierno y que objetan su intención de apoyar a la gente. El 9 de febrero llegó al extremo de instrumentalizar a la Fuerza Armada con el propósito de presionar a los legisladores para que ratificaran un préstamo de su plan de seguridad “Control Territorial”. El mandatario descalifica a los legisladores y arremete principalmente en contra de los partidos mayoritarios. Es la misma táctica que utilizó en la campaña presidencial, con la antipolítica como punta de lanza, y que se tradujo en una ventaja electoral en los 14 departamentos del país.

Esa victoria puede considerarse como parcial y limitada. El 2 de febrero de 2019, se registraron 2,733,178 de votos de un padrón de 5,268,411 personas habilitadas para emitir el sufragio. La participación electoral fue del 51.88%. Respecto de la segunda vuelta de 2014, los datos muestran una reducción de nueve puntos porcentuales. El 2019 presentó el nivel más bajo de concurrencia de votantes desde la instauración del Documento Único de Identidad (Solano, 2020). Entre 2004 y 2019, el porcentaje de asistencia a las urnas disminuyó en 15.46 puntos porcentuales. Del total de 2,701,992 de votos válidos, Bukele recibió el 53.10% (1,434,856 votos), con una fuerza electoral menor a la obtenida por los expresidentes Sánchez Cerén, Funes y Saca.

En ese sentido, el presidente Bukele debe realizar un esfuerzo significativo que le permita conseguir un caudal de votos que sean suficientes para constituir una base partidaria propia. El empeño debe traducirse en un aumento de la participación electoral, porque el promedio de asistencia de votantes en las elecciones legislativas y municipales ha sido muy bajo en los últimos cuatro procesos de ese tipo. En 2018 votó un exiguo 45.73% del padrón.

Por otro lado, tratándose de los comicios legislativos y municipales, los liderazgos locales representan un factor decisivo. También es relevante el tipo de lista aplicable en El Salvador, donde los electores eligen directamente a los candidatos de su preferencia sin importar el partido al que pertenezcan. La disputa por los escaños se perfila muy reñida, teniendo en cuenta que ni ARENA y el FMLN, ni los partidos minoritarios querrán perder cuotas de poder al interior del Legislativo.

En cuanto a GANA, si no sucede un evento extraordinario, y de acuerdo al patrón de actuación de este partido durante el primer año de gobierno del presidente Bukele, continuará respaldando al mandatario, sin que una eventual participación en las legislativas de 2021 con banderas separadas de N afecte esta cohabitación por el poder en la Asamblea Legislativa.

Es muy probable que el partido del presidente se convierta en un grupo parlamentario sólido y numeroso. Pero al mismo tiempo, si el resto de competidores elige bien a sus candidatos y si continúan con el destacado papel de oposición mostrado durante la emergencia, seguirá existiendo un contrapeso en este otro Órgano de Estado. En eso consiste el juego democrático.

*Publicado originalmente en EDH

**Director de Estudios Políticos

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