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Avances y retos de la estrategia de regionalización educativa en El Salvador

Autor: 
Helga Cuéllar Marchelli
Fecha: 
Vie, 11/22/2019

En la educación salvadoreña es imperativo reducir las brechas de acceso, promover la formación integral y mejorar la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje en el aula. Para lograrlo, el Plan Cuscatlán propone transformar el modelo educativo desde el territorio, apoyándose en la regionalización como su estrategia principal. Esta última, según el plan, se conseguiría a través de  la creación y desarrollo de áreas educativas, cuyo propósito es mejorar la articulación de contenidos de los programas de estudio de tercer ciclo y bachillerato de distintas redes de escuelas identificadas en un mapa educativo.  ¿Cuál es el potencial que tiene esta propuesta de regionalización en la reducción de inequidades y el mejoramiento de la calidad de los servicios educativos?

Entendida como un proceso de descentralización de la gestión educativa, la regionalización en El Salvador no es algo nuevo. En los últimos cuarenta años se desconcentraron funciones del nivel central del MINED hacia instancias regionales, departamentales y locales. Se estableció la supervisión educativa, la cual ha sido más bien reconocida en la práctica como asistencia técnica a escuelas. Y, además, se introdujeron formas participativas de gestión educativa y redes escolares, las cuales han contribuido a fomentar la autonomía escolar. Sin embargo, este proceso de regionalización ha sido incompleto. Es cierto que ha aumentado la cobertura y la permanencia de los estudiantes en las escuelas; y, además, ha promovido la administración descentralizada y la autonomía escolar; pero,  no ha logrado asegurar el aprovisionamiento adecuado de insumos y servicios a las escuelas para que puedan operar con estándares mínimos de calidad. 

Lo anterior es resultado de una falla en la operación de los sistemas de apoyo a las escuelas, los cuales pueden ser de dos tipos: unos influyen en las prácticas educativas de docentes y estudiantes, tales como: asistencia técnica,  formación continua de docentes y evaluación educativa. Y, otros   proveen insumos y servicios para mejorar la cantidad y calidad de los recursos para el aprendizaje. Entre estos últimos se encuentran: servicios de infraestructura y equipamiento, soporte tecnológico y distribución de materiales educativos y otros insumos. Sin embargo, el desempeño de estos sistemas en el aseguramiento de la equidad y calidad educativa está lejos de ser óptimo. Por ejemplo, en la mitad de los municipios, 40%  o menos de los centros educativos cuentan con suficientes libros; y, en 200 municipios, 35% o menos de los centros tienen acceso a Internet. 

Por consiguiente, la nueva estrategia de regionalización debería estar orientada no solo a mejorar qué y cómo se enseña en las aulas, sino también garantizar que los procesos de enseñanza y aprendizaje cuenten con los insumos y servicios de apoyo necesarios para producir buenos resultados. Para maximizar el potencial de las áreas educativas en el mejoramiento de los aprendizajes, habría que optimizar el funcionamiento y capacidad de respuesta de los sistemas de apoyo a las escuelas. Una posibilidad sería recurrir a la descentralización de la provisión de, al menos,  algunos de estos servicios; y, además, lograr una participación más activa de las direcciones departamentales en el aseguramiento de su calidad. También, se propone que las áreas educativas funcionen, principalmente, en zonas vulnerables que presentan mayor rezago educativo. Esto evitaría la atomización del territorio, una asignación más eficiente de recursos humanos y materiales, y la creación de economías de escala que podrían ayudar a mejorar la eficacia de la inversión, en general. 

Finalmente, en el nuevo esfuerzo de regionalización educativa, es oportuno redefinir una nueva política de asistencia técnica y pedagógica a las escuelas. Esta debe estar centrada en mejorar los aprendizajes, pero no debe ser impuesta sino negociada con los equipos directivos y los docentes, en  función del tipo de fracaso escolar que se quiera corregir o el nivel de eficacia de la escuela. Esto quiere decir que podrían surgir diferentes modelos de intervención en las escuelas, siendo la articulación de contenidos de los programas de asignatura de tercer ciclo y media que se propone a través de las áreas educativas, una entre otras opciones. 

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Este blog ha sido realizado con base en el capítulo “Hacia una regionalización efectiva de servicios educativos públicos con calidad y equidad” del Informe de Coyuntura Social 2018-2019, el cual  está disponible en: http://fusades.org/lo-ultimo/noticias/informe-de-coyuntura-social-noviembre-2019

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