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La calidad de vida de los salvadoreños se ha deteriorado

Autor: 
Helga Cuéllar-Marchelli
Fecha: 
Vie, 05/05/2017


Desde que inició 2017, los temas que más han capturado la atención de la opinión pública han girado alrededor de diferentes problemas. La creciente deuda pública y la situación de iliquidez que impide al Estado cumplir con los pagos a proveedores y la inversión social. Las demandas acerca de la inconstitucionalidad del presupuesto público, el cual reproduce la práctica de sobreestimar los ingresos y subestimar los gastos, poniendo en riesgo la capacidad financiera del Estado al adquirir más deuda para poder cumplir con sus obligaciones. A lo anterior se suman: el deterioro del clima de negocios e inversión como resultado de excesiva burocracia para facilitar el comercio y las exportaciones, los cambios constantes en las reglas del juego que desincentivan la generación de nuevos empleos y la inseguridad ciudadana, entre otros. 

Mientras tanto, en el telón de fondo, la calidad de vida de muchos salvadoreños se deteriora, poniendo en riesgo los avances sociales logrados en los últimos veinte años. Según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2015 (DIGESTYC, 2016), de 2013 a 2015, el porcentaje de población en pobreza ha aumentado de 34.8% a 40.6%. Esto significa que hay 400,000 personas más que se suman al total de 2.6 millones que no pueden cubrir, o les cuesta hacerlo, al menos, el costo de un conjunto de alimentos considerados básicos en la dieta. Esta situación es más evidente en la zona urbana, donde el ingreso mensual promedio de los hogares disminuyó de US$660.9 a US$630.1, mientras el costo promedio anual de la canasta básica alimentaria por persona aumentó de US$46.8 a US$53.9. 

Por otra parte, desde hace dos décadas, apenas 28 de cada 100 personas que pertenecen a la fuerza laboral (activa o buscando trabajo)  tienen empleo formal y acceso a seguridad social (pública o privada), o bien reciben servicios de asistencia médica o pueden tener una pensión (FUSADES, 2016a). Las oportunidades para que los jóvenes puedan desarrollarse y aspirar a empleos formales de calidad también siguen siendo limitadas. Se estima que 14 de cada 100 personas de 16 a 24 años se encuentran desempleadas y, en 2015, se sumaron 8,527  jóvenes de 15 a 24 años de edad a los 350,150 que no estudiaban ni trabajaban en 2014 (DIGESTYC, 2016). Lo anterior se complica debido a la violencia e inseguridad que afecta a las familias, frena el desarrollo del país y presiona a muchos ciudadanos a considerar la emigración.

Es verdad que la política social ha ganado importancia y que la inversión en esta área ha aumentado gradualmente desde que se firmaron los Acuerdos de Paz en 1992 (FUSADES, 2016b). El asunto es que a pesar de este logro la posibilidad de experimentar un retroceso es cada vez mayor, si no existe un compromiso auténtico por resolver con pragmatismo y audacia cada uno de los problemas que afectan a los ciudadanos. Se debe procurar la estabilidad económica para promover la inversión e impulsar el crecimiento y la generación de empleo, con el propósito de aumentar la capacidad del Estado para cumplir con sus obligaciones financieras e invertir en desarrollo social.  También es importante mejorar la eficacia de la gestión pública y revisar la política social a fin de aumentar su efectividad. Sobre esto último, es claro que la política social basada en la asistencia es insuficiente para combatir la pobreza, y, por ende, se debe poner más empeño en desarrollar capacidades, para que las personas sean autogestoras de su propio desarrollo, mejorando la calidad de los servicios de educación, salud, pensiones y promoción del empleo. 

Trabajar por el bienestar de las personas exige enfocarse en buscar soluciones que demandan cooperación entre distintos actores y tiempo, por lo que exigen partir de una visión común acerca del rumbo del país con un horizonte de mediano y largo plazo. Frente al menú de temas en la opinión pública y la creciente atención hacia las competencias electorales, por los cargos de diputados y alcaldes en 2018 y presidente en 2019, recordar cuál es el telón de fondo, invita a centrar la atención en lo que verdaderamente importa: mejorar la calidad de vida de los salvadoreños.

Referencias:

Dirección General de Estadística y Censos, DIGESTYC (2016). Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2015. Ministerio de Economía, Gobierno de El Salvador.

FUSADES (2016a). Indicadores sociales. Informe de Coyuntura Social 2015-2016. Departamento de Estudios Sociales. Antiguo Cuscatlán, La Libertad, El Salvador. Pág. 4.

FUSADES (2016b). El potencial de la política social para desarrollar las capacidades de los salvadoreños y promover el bienestar. Informe de Coyuntura Social 2015-2016. Departamento de Estudios Sociales. Antiguo Cuscatlán, La Libertad, El Salvador. Págs. 13-38.

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