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La digitalización como ruta para el nuevo normal post COVID-19*

Autor: 
DEC
Fecha: 
Mar, 07/28/2020

 

 

La crisis humanitaria mundial por el COVID-19 ha trajo profundas consecuencias que obligaron a adoptar muchos cambios sin previo aviso. Uno de los retos que puso de manifiesto, por el confinamiento y distanciamiento social, fue el uso de la tecnología para mantener el contacto entre los ciudadanos, con el gobierno y con el resto del mundo. Los países más desarrollados pudieron enfrentar mejor este reto, ya que contaban con un sistema digital más maduro y consolidado.

Sin embargo, para países en desarrollo, como El Salvador, el reto es aún mayor, ya que ha experimentado un retroceso en los indicadores digitales a lo largo de los años. Al comparar con 140 naciones que forman parte del Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, El Salvador muestra una ventaja en la disposición de teléfonos móviles por cada 100 personas, ya que se ubica en la posición 12 de 140 naciones; no obstante, para los diferentes indicadores relacionados al acceso de internet vía móvil, fijo o acceso en cualquier lugar, las posiciones van desde la 81 hasta la 104. Se observa también una baja habilidad en los temas digitales de parte de la población, ocupando el lugar 123. El desarrollo del gobierno electrónico también ha tenido un retroceso. Entre el 2008 y el 2018, en un ranking con 140 países, El Salvador ha pasado de la posición 67 (reportada en el 2008), al lugar 100 en 2018, perdiendo 33 lugares en una década. Y en el tema de conectividad, el nivel de conexión de banda ancha móvil anda por el 30%, ya que no todos los que tienen un teléfono móvil tienen un plan de banda ancha, y el nivel de banda ancha fija anda por el 20%. Solo 3 de cada 10 salvadoreños tienen acceso a internet en el 2020.

De acuerdo con un estudio del BID de 2017, 1 de cada 4 empleados públicos no tenían computadoras, lo cual es un reto grande si El Salvador quiere impulsar el gobierno electrónico. En la actualidad ya se cuenta con marcos legales como la Ley de Procedimientos Administrativos, Ley de Firma Electrónica, Ley de Mejora Regulatoria, entre otras leyes que sientan las bases para un gobierno digital. Aunque importantes, las leyes no son suficientes, ya que el componente de una agenda de país para el desarrollo digital requiere también de la voluntad política de implementarla y coordinación de los distintos actores de la sociedad para co-crear dicha agenda, las cuales no han estado presentes, por lo que el COVID-19, tomó a El Salvador desprevenido y con poca capacidad de respuesta para mantener a los ciudadanos conectados entre si, con el gobierno y con el resto del mundo.

¿Qué puede hacer El Salvador para prepararse y no quedar fuera de una realidad mundial que ha venido para quedarse, la cuarta revolución industrial? Es momento que el país trace una hoja de ruta de las acciones a tomar durante la crisis, en la fase de recuperación de la economía post COVID, y en la etapa de reconstrucción. El clima de negocios ha quedado golpeado, y para recuperar inversiones y empleos, debe existir una voluntad para reactivar la economía haciendo uso de las nuevas tecnologías para facilitar trámites, reducir costos e implementar una nueva forma de relación entre ciudadano y Estado.  El desarrollo digital de país ya no es una opción, se hace, o los salvadoreños tendrán limitadas sus posibilidades de progreso económico y social en el mundo.

 

*Columna publicada en la revista El Economista, edición junio-julio 2020

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