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La migración como factor de desarrollo

Autor: 
Aida Carolina Quinteros
Fecha: 
Mar, 03/13/2018

La migración puede ser un factor de desarrollo para los países que reciben población y para los que la envían. Los flujos migratorios recibidos por los Estados Unidos de América (EUA) son un ejemplo de lo primero (Portes, 2009) pero también hay ejemplos de cómo las diásporas de israelitas, suramericanas, indias y chinas, han desempeñado un papel importante en el desarrollo de sus países de nacimiento (Kuznetsov, 2013).

Ciertamente, en el caso de los países que envían población al extranjero, el tema es más complicado de analizar porque coinciden en su mayoría con ser países en vías de desarrollo o que han sufrido de alguna crisis repentina (guerras o fenómenos naturales) que obliga a las personas a buscar un mejor futuro en el extranjero. Para algunos analistas (Portes, 2009), la migración en estos casos es no solamente un síntoma de subdesarrollo, sino que una de las causas del mismo, ya que “… despuebla regiones enteras, convierte a las familias del país de origen en productores rentistas y, al descansar en las remesas de los migrantes, permite a los gobiernos escapar de sus responsabilidades.” (p. 45). Ciertamente, las remesas son una fuente de ingresos para las familias y desempeña un papel importante en la salida de la pobreza, pero que el hecho de que las finanzas públicas descansen en las remesas, no solo no cambia la situación de estancamiento económico y de desigualdad social, sino más bien, la perpetua. 

Desde otro punto de vista, Kuznetsov (2013) sostiene que en determinadas circunstancias, la diáspora sí puede tener un papel importante en apuntalar a los países de origen, especialmente cuando se trata de personas que han alcanzado el éxito en el país que les recibe. Sus habilidades pueden apoyar iniciativas nacionales de desarrollo de ciencia, tecnología, artes y emprendedurismo; contribuir por la vía filantrópica a los territorios y apoyar con remesas la salida de la pobreza de las familias. Este es el caso de países que han sufrido “fuga de cerebros”, es decir, personas con altos niveles educativos y de logros personales.  Sin embargo, Iskander y Lowe (2013) reconocen que también hay un lugar para la diáspora con calificaciones intermedias, tales como los trabajadores de la construcción en los Estados Unidos que regresan a México, quienes --con apoyo para la instalación de sus propios emprendimientos, construcción de redes de clientes y contratistas, así como procesos de certificación y facilitación para el empleo-- contribuyen a trasladar nuevas tecnologías.

Portes (2009) también señala que el tipo de emigración asimismo incide en el papel de la diáspora. En ese sentido, las personas que tienen estatus legal en el país receptor y que tienen la posibilidad de regresar a su país de manera regular, así como quienes se encuentran bajo la forma de migración circular –es decir, que no se quedan permanentemente en el país receptor, sino que solo cumplen con periodos de tiempo determinados y cíclicos-- pueden tener más incentivos para apoyar el desarrollo de sus pueblos natales. 

¿Qué se necesita para que esta emigración sea un factor de desarrollo? En primer lugar, un aparato institucional apropiado, lo que implica instituciones rectoras con mandatos de coordinar políticas migratorias; una estrategia de acción para la atracción del talento de la diáspora, que sea congruente con la estrategia nacional de desarrollo; un marco legal que permita manejar los temas migratorios, instituciones transparentes y eficientes y, finalmente, información apropiada sobre los migrantes y sus características y requerimientos (OIM, 2016).  

En este punto vale la pena preguntarse sobre la población emigrante salvadoreña. De acuerdo con la información disponible 1,352,357 salvadoreños residen en los EUA; 432,329 de estos compatriotas son nacionalizados como ciudadanos estadounidenses, mientras casi 200,000 se encuentran acogidos a las iniciativas del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés); y cerca de 700,000 viven en aquel país como migrantes no autorizados. Es decir, cerca de 900,000 salvadoreños se encuentran en situación de vulnerabilidad y pueden ser retornados al país en cualquier momento (OIM, 2018). 

¿Qué posibilidades hay de integrar a estas personas a formatos de migración que les permitan tener un mejor futuro para ellos y sus familias y al mismo tiempo contribuir al desarrollo de El Salvador? Hace falta trabajar una política de migración integral y una gestión institucional eficiente que promueva paz y seguridad, de tal manera que posibilite que todos los salvadoreños tengan un lugar en su país para desarrollar su proyecto de vida, pero también que ofrezca a los salvadoreños en el exterior, razones para volver. 

 

Referencias 

Iskander, Natasha y Lowe, Nichola (2013). “Moving skill: The incorporation of Mexican inmigrants in the US and Mexican construction industries”. En Yevgeny (Ed.) “How can talent abroad induce development at home? Towards a pragmatic agenda. Migration Policy Institute. Washington DC. Julio 2013.

Kuznetsov, Yevgeny (Ed.) “How can talent abroad induce development at home? Towards a pragmatic agenda. Migration Policy Institute. Washington DC. Julio 2013.

IOM (2016) “Measuring well-governed migration The 2016 Migration Governance Index”. The Economist Intelligence Unit. London.

IOM (2018) “Estadísticas de El Salvador”. En IOM Northern Triangle of Central America (NTCA). http://triangulonorteca.iom.int/es/estad%C3%ADsticas-de-el-salvador

Portes, Alejandro (2009) “Migración y desarrollo: un intento de conciliar perspectivas opuestas” Nueva Sociedad No 233, mayo-junio de 2011.

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