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La realidad de los jóvenes del área metropolitana de San Salvador

Autor: 
CIE
Fecha: 
Jue, 12/06/2018

La juventud es una etapa en la que se toman decisiones importantes que repercutirán en la vida adulta, tales como, continuar estudiando, trabajar o distribuir el tiempo entre estas dos actividades. Es crucial entender qué es lo que motiva a los jóvenes a tomar estas decisiones con el fin de brindarles, a través de políticas públicas pertinentes, las herramientas para desenvolverse en un mercado laboral sujeto a constantes cambios debido, en parte, a las innovaciones tecnológicas. 

Para conocer mejor a los jóvenes y los factores que influyen en sus elecciones, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo - Canadá (IDRC, por sus siglas en inglés), publicó el estudio “Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar?”, para lo cual entrevistó a más de 15,000 jóvenes entre 15 y 24 años. El estudio se basó en la información obtenida por distintos centros de investigación  de nueve países de América Latina: Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Haití, México, Paraguay, Perú y Uruguay. 

En ese marco, la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), llevó a cabo la investigación “Escuchando a los jóvenes del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS)”, la cual se incluye en el capítulo 5 del estudio. Para ello, se realizó una encuesta a 1,442 jóvenes entre 15 y 24 años en el AMSS , la que se complementó con un estudio cualitativo que recogió las experiencias de 150 jóvenes a través de grupos focales y entrevistas.

Este estudio es novedoso, porque incluye dentro del análisis variables no tradicionales, como las aspiraciones y expectativas de los jóvenes, sus habilidades cognitivas y socioemocionales, y qué tanto conocen sobre el funcionamiento del mercado laboral. Además de las variables tradicionales, como ingreso o nivel educativo.    

¿A qué se dedican los jóvenes del AMSS?

El 53% de los jóvenes del AMSS, entre 15 y 24 años, se dedica exclusivamente a estudiar o se encuentra capacitándose y el 16% solo a trabajar. Mientras que 8% combina estudios con trabajo; este porcentaje es bajo con respecto al promedio para América Latina (17%), y a países como Colombia (24%) y Paraguay (27%); este bajo porcentaje indica que en El Salvador existen rigideces que dificultan que se combinen ambas actividades, por ejemplo, horarios laborales que no son flexibles. Por otro lado, 24% no estudian, ni se capacitan, ni trabajan, estos son comúnmente conocidos como ninis (ver gráfico 1).

Gráfico 1. Situación educativa y laboral de los jóvenes en América Latina y el Caribe (%)


Fuente: Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar? BID (2018)

[1] Instituto de Investigación Aplicada (Brasil); Espacio Público (Chile) coordinador del estudio; Universidad de los Andes (Colombia); Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) (El Salvador); l’Institut de Consultation en Informatique, Économie et Statistique Appliquées (ICIESA) (Haití); Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) ( México); Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP) (Paraguay); Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE) (Perú); y la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República de Uruguay (Uruguay).

[1] Encuesta Millennials en El Salvador

Los ninis no están sin hacer nada

Este estudio contribuye a derribar mitos y prejuicios, como la connotación negativa del término nini, que lleva a la percepción de que se trata de alguien “ocioso” o improductivo. Sin embargo, la evidencia muestra que los ninis no están sin hacer nada: la mitad de las mujeres en esta categoría se dedica a trabajo de cuido no remunerado (en promedio 9 horas al día); cuatro de cada diez jóvenes reportaron que están buscando trabajo. De manera que aproximadamente solo un 5% no estudian, ni trabajan, ni buscan trabajo, ni realizan tareas de cuido en sus hogares; es decir, son pocos los que podrían considerarse como ninis “reales”. 

Gráfico 2. Actividades que realizan los ninis


Ser nini es una realidad temporal

Ser nini es una realidad temporal que depende de la situación personal o familiar en la que se encuentran. Por ejemplo, 2 de cada 10 ninis “reales” ha buscado trabajo y 4 de cada 10 han trabajado anteriormente. El 20% de los jóvenes que actualmente no son ninis respondió que anteriormente estuvieron en esa situación: 12% de los que actualmente solo estudian comentó que ha sido nini en alguna ocasión, lo mismo sucede con 24% de los que estudia y trabaja, y 47% de los que solo trabaja. En total, 45% de los jóvenes del AMSS es o ha sido nini alguna vez en su vida.

¿Por qué la connotación negativa? 

En general, la percepción de la sociedad es que ser nini se asocia con conductas antisociales; sin embargo, los resultados muestran la relación inversa: la inseguridad contribuye a que algunos jóvenes sean ninis. De manera que, los ninis se concentran en áreas con altos índices de violencia (gráfico 3). La dominación territorial que tienen las pandillas limita el acceso de los jóvenes a oportunidades de educación y trabajo; por ejemplo, casi 4 de cada 10 hombres de 15 a 17 años que no estudian aseguró que se debe a la inseguridad. Otros mencionan que no pueden buscar trabajo en determinadas zonas consideradas “contrarias”, porque “los pandilleros les pueden hacer daño”. Además, los jóvenes que viven en áreas con presencia de pandillas son estigmatizados, lo que a su vez reduce sus posibilidades de obtener un empleo.  

Mapa. Concentración geográfica de jóvenes que no estudian ni trabajan

Fuente: Encuesta Millenials en El Salvador

A lo largo del capítulo de El Salvador, se muestra que, en cuanto a sus habilidades cognitivas, técnicas o socioemocionales, los ninis no son muy diferentes de aquellos jóvenes que solo trabajan. Tampoco difieren en otros aspectos como que uno de cada 4 jóvenes tuvo su primer hijo siendo adolescente.  Las diferencias más sobresalientes se observan entre los jóvenes que continúan estudiando (ya sea que trabajen o no) y los demás.

 

La maternidad y paternidad temprana limita las oportunidades de continuar estudiando 

En general, la proporción de jóvenes que tuvo su primer hijo en la adolescencia es considerablemente más alta entre los que están fuera del sistema educativo (24% y 23%) que entre los que aún estudian (2% y 7%). Esto es cierto, tanto para hombres como para mujeres. Sin embargo, la maternidad temprana es más influyente para las mujeres, aproximadamente la tercera parte de las que trabajan (37%) y de las ninis (32%) tuvieron su primer embarazo en la adolescencia frente a 4% de las que solo estudia y 13% de las que estudia y trabaja. 

Gráfico 3. Porcentaje de jóvenes que tuvieron su primer hijo siendo adolescentes


Fuente: Encuesta Millennials en El Salvador

Los que deciden trabajar se enfrentan a un mercado laboral difícil

Los jóvenes que deciden trabajar, se encuentran con un entorno de bajo crecimiento, donde las oportunidades de empleos formales son escasas. Su inserción laboral se ve limitada por la falta de competencias laborales y experiencia, según declararon los entrevistados. De los que logran insertarse, 74% trabaja en la informalidad y 47% gana menos del salario mínimo. Los jóvenes, además, experimentan una alta rotación: solo 15% tiene más de un año en su empleo actual.

 

¿Qué tan preparados están los jóvenes para desenvolverse en el mercado laboral?

En términos generales los jóvenes muestran unas áreas fuertes y otras débiles. Muestran debilidades en áreas importantes para el mercado, como en sus habilidades numéricas (respondieron solo un 37% de las preguntas), y en el limitado dominio del inglés (solo 27% dijeron que lo hablan).  En cambio, 9 de cada 10 jóvenes manejan dispositivos tecnológicos con facilidad, lo que es clave para la inserción laboral en un mercado cada vez más tecnológico.  Los jóvenes que solo trabajan y los ninis muestran desventajas en todas las habilidades cognitivas y técnicas con respecto a los que se mantienen en el sistema educativo.

En general, los jóvenes tienen altas habilidades socioemocionales; por ejemplo, muestran valores altos de autoestima, autoeficacia y perseverancia; sin embargo, perciben que su situación depende más de factores externos que de su propio esfuerzo –esto último principalmente en el caso de los ninis-.

Por otro lado, los jóvenes desconocen cuánto es el retorno a la educación especialmente para niveles educativos altos, pues subestiman los ingresos de trabajadores con educación superior, principalmente de aquellos con educación superior técnica. 

 

Gráfico 4. Ingresos que los jóvenes estiman que puede obtener un trabajador con educación completa vrs. la realidad (US$)


Fuente: Encuesta Millenials en El Salvador

Además, se percibe poco conocimiento entre los jóvenes sobre los diferentes programas que están disponibles para apoyarlos en su inserción educativa y laboral.

Los jóvenes tienen expectativas altas

Ocho de cada 10 desearían completar la educación superior, ya sea técnica o universitaria. Entre los que están estudiando, esta proporción es más alta, casi nueve de cada 10. Esto contrasta con la realidad. En el AMSS, solo 4 de cada 10 jóvenes tienen acceso a iniciar la educación superior.

¿Qué se debe hacer para mejorar las oportunidades educativas y laborales de los jóvenes?

Sobre la base de estos hallazgos, se sugieren cuatro acciones de política pública que pueden ayudar a los jóvenes a realizar una transición exitosa desde sus estudios al mercado laboral: 

1- Mejorar el acceso al desarrollo de capacidades: acercando las escuelas, ampliando programas de becas para que los jóvenes permanezcan en las escuelas y terminen al menos bachillerato, ampliar los programas de capacitación.

2- Elevar la calidad y la pertinencia de la formación: mejorar la enseñanza de matemáticas y ciencias, promover la enseñanza de inglés y el desarrollo de habilidades socioemocionales, así como el interés por aprender. Además, es necesario vincular la escuela con el sector productivo.

3- Proporcionar orientación vocacional e información: iniciar la orientación vocacional antes del bachillerato; empoderar a las niñas para que decidan continuar estudiando en vez de formar uniones tempranas; fortalecer los sistemas de información, como observatorios laborales, para que generen y entreguen datos sobre los salarios que ganan distintas ocupaciones y sobre la demanda laboral para que los jóvenes puedan tomar mejores decisiones educativas y laborales; aumentar el esfuerzo para divulgar los programas que apoyan la inserción laboral y educativa de los jóvenes.

4- Contribuir a reducir el estigma hacia los jóvenes y fortalecer la seguridad ciudadana.

Para más detalles, les invitamos a leer el capítulo 5 del libro, que pueden descargar en: https://publications.iadb.org/handle/11319/9289#sthash.4NNawJDR.dpuf

Presentación en Facebook Live: https://www.facebook.com/Fusades/videos/938113096385484/

 

 

 

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