El desafío, entonces, es doble. Por un lado, continuar ampliando la apertura comercial, consolidando las señales recientes de mejora en los indicadores. Por otro, fortalecer las capacidades exportadoras y la competitividad del país, cuya base es un sector productivo amplio y dinámico, con empresas pequeñas pero fuertes


En las últimas tres décadas y media, El Salvador se ha abierto de manera sostenida al comercio: la suma de exportaciones e importaciones de bienes y servicios pasó de 39.6% del PIB en 1990 a 60.5% en 2025. Aun así, queda margen para avanzar: hay economías donde ese indicador alcanza 80% o incluso 100% del PIB. Además, la apertura lograda tiene un rostro asimétrico: compramos mucho al mundo y le vendemos relativamente poco. Comprender ese doble margen de mejora es clave para convertir la apertura en un verdadero motor de desarrollo.

Los indicadores internacionales muestran que abrirse fue una decisión deliberada. El índice de libertad para comerciar internacionalmente del Fraser Institute registra una profunda caída entre 1975 y 1985, una recuperación gradual desde 1990 y un máximo de 8.5 sobre 10 en el año 2000. El índice de apertura de mercados de Heritage Foundation cuenta una historia similar: subió de 68.3 en 1994 a un máximo de 76.7 en 2010, descendió hasta 62.9 en 2022 y repuntó a 68.8 en 2025. En síntesis: un esfuerzo sistemático de apertura entre 1990 y 2010, un estancamiento posterior y señales recientes de reapertura.

¿Qué resultados ha dejado esa apertura? Un desempeño mixto. Las importaciones de bienes y servicios pasaron de 26.9% a 45.4% del PIB entre 1990 y 2025, financiadas en buena parte por las remesas familiares, que crecieron 12.2 puntos del PIB. Las exportaciones de bienes, en cambio, se estancaron: tras el impulso que acompañó la entrada en vigor del CAFTA-DR, cayeron de 20.9% del PIB en 2011 a 15.1% en 2025. La base exportadora es angosta: en 2025 hubo 2,654 empresas exportadoras frente a 34,441 importadoras, y los grandes exportadores, apenas 6% del total, concentraron 82% del valor exportado. A ello se suma la escasa diversificación de destinos: 91% de las exportaciones se dirige a ocho socios de Norteamérica y Centroamérica, mientras a la Unión Europea se vende poco, pese al Acuerdo de Asociación vigente desde 2011, y a Asia mucho menos.

La buena noticia son los servicios. Sus exportaciones alcanzaron US$6,213.5 millones en 2025, equivalentes a 16.9% del PIB, encabezadas por el rubro de viajes, y generaron un superávit de US$2,274.5 millones que ayuda a compensar el déficit en bienes. Su crecimiento acelerado después de la pandemia demuestra que el país sí puede competir internacionalmente cuando aprovecha sus ventajas.

El desafío, entonces, es doble. Por un lado, continuar ampliando la apertura comercial, consolidando las señales recientes de mejora en los indicadores. Por otro, fortalecer las capacidades exportadoras y la competitividad del país, cuya base es un sector productivo amplio y dinámico, con empresas pequeñas pero fuertes: hoy los pequeños exportadores son la gran mayoría, pero aportan solo 4% del valor exportado. Complementan esta agenda la atracción de más inversión extranjera directa de empresas que ya dominan los mercados internacionales y la diversificación de destinos aprovechando los acuerdos comerciales vigentes. El Salvador ya demostró que sabe abrirse al mundo; el siguiente paso es venderle mucho más.