El crecimiento económico global en nuestra era ha sido el más grande de la historia de la humanidad, al punto que la actividad humana ha tenido un impacto en el planeta, generando cambios importantes, como en el clima, con el calentamiento global, la contaminación del aire, el agua y la tierra, al grado que muchas especies del reino animal y vegetal se están extinguiendo, reduciendo la biodiversidad del planeta, y también se afecta la salud y seguridad ambiental de las personas. El impacto es tal que se ha bautizado esta era como la del Antropoceno (modificación global y sincrónica de los sistemas naturales por la acción humana), y se piensa que hemos llegado a la sexta extinción en referencia a la desaparición comprobada de muchas especies.
Lo que las personas y los países podemos hacer para reducir la huella que tenemos en el planeta son muchas cosas, y una de ellas es la transición energética, que busca transformar la matriz de generación y consumo de energía de un país a fuentes más limpias, que tengan una huella de carbono menor, o incluso cero, contaminen menos el aire, el agua y la tierra, y de esa manera protejamos el planeta tierra.
El cambio tecnológico, con la digitalización, la inteligencia artificial, y la incorporación de vehículos eléctricos a la flota vehicular va a aumentar aún más la demanda de energía, y esto exige que los países transiten hacia fuentes de energías más limpias, siendo un reto muy grande para cada país; pero también ofrecen oportunidades.
En el caso de El Salvador, la matriz de energía eléctrica en los últimos diez años ha experimentado cambios importantes, pero el reto aún es grande. La demanda de electricidad aumentó en 22% entre 2014 y 2024, o 2% anual; sin embargo, la combinación de diversas fuentes de energía eléctrica ha mejorado respecto a la huella de carbono, la hidráulica aumentó su participación en la inyección nacional de 26.8% a 28%, con un crecimiento de 23.3% en la energía inyectada; por su parte, la geotérmica, generada por el calor de volcanes activos, casi no aumentó su inyección al sistema, apenas 0.8%, y disminuyó su participación a 19.3%; el cambio más grande se ha dado con la generación por medio de gas natural licuado, que aumentó su participación de 0% a 28.2%, sustituyendo la generación térmica a base de petróleo, que tiene una huella más grande de CO2 (dióxido de carbono), que bajó de 37.7% a 5.5%; al mismo tiempo, la inyección por energía solar y por eólica pasaron de cero a 7.2%, y 1.9% en 2024, y la participación por biomasa pasó de 3.6% a 7%.
El desafío aún es grande, y requiere aumentar los esfuerzos para utilizar fuentes de energía más limpias, en algún punto será necesario recurrir a la energía nuclear y a otras alternativas, que bien administradas ofrece energía más limpia y estable, en comparación con las renovables, que no pueden funcionar todo el tiempo y son estacionales.