La IA es una tecnología relativamente nueva y cambia a gran velocidad, tanto en sus modelos de base como en sus aplicaciones. Por eso es difícil saber cuál es la mejor forma de aprovecharla: la humanidad apenas está descubriendo cómo usarla.
Nadie tiene todavía la receta para aprovechar la inteligencia artificial (IA). Lo que sí existe es un laboratorio global en marcha: decenas de gobiernos ensayan caminos distintos para poner esta tecnología al servicio de su desarrollo, y El Salvador es uno de ellos. Esa diversidad es la primera lección de "GTIPA Perspectives: Making AI Policy to Drive Innovation", publicado por la Global Trade and Innovation Policy Alliance (GTIPA) y la Information Technology and Innovation Foundation (ITIF), que reúne 32 perspectivas de 28 centros de pensamiento en 30 países.
La IA es una tecnología relativamente nueva y cambia a gran velocidad, tanto en sus modelos de base como en sus aplicaciones. Por eso es difícil saber cuál es la mejor forma de aprovecharla: la humanidad apenas está descubriendo cómo usarla. El informe confirma que no hay una estrategia universal. Italia, con una economía industrial madura, prioriza la adopción de IA aplicada en sus empresas manufactureras antes que el desarrollo de modelos propios. India, con su enorme mercado multilingüe, subsidia capacidad de cómputo, forma talento y financia modelos adaptados a 22 idiomas del país. El Salvador aparece como ejemplo de un Estado que actúa como adoptante temprano: la plataforma de telemedicina Doctor SV, con asistencia de IA, superó 2.3 millones de consultas en sus primeros cinco meses, y el programa de tutoría con IA en escuelas públicas es una apuesta ambiciosa en educación, entre algunos de los ejemplos de lo que se está realizando. Tres realidades distintas, tres caminos diferentes.
¿Qué es lo importante en esta fase de experimentación? Primero, dedicar esfuerzos y recursos a comprender la tecnología. Pero comprenderla no basta. Segundo, empezar a utilizarla para aprender en la práctica, algo que el país ya hace con iniciativas públicas y privadas en salud, educación, trámites y empresas. Tercero, tener presente en todo momento que el objetivo del desarrollo es la persona humana: vista desde el conjunto social, la tecnología debe complementar el trabajo de las personas y ampliar sus capacidades, no reemplazarlas. Cuarto, mantener los ojos puestos en el mundo, para aprender de los éxitos y evitar los errores de otros, sabiendo que cada país es distinto y que El Salvador, por ser pequeño, tiene particularidades que exigen adaptar, no copiar.
El propio informe extrae cuatro lecciones comunes de esa variedad de experiencias: las estrategias funcionan mejor cuando son proactivas y combinan varias palancas a la vez, con metas concretas de implementación; requieren equilibrio entre la libertad para experimentar y el papel del Estado como comprador y adoptante temprano; deben construirse sobre las fortalezas propias de cada país; y dependen de un ecosistema de aliados y de un comercio abierto y basado en reglas.
El mundo está aprendiendo sobre la marcha, y quienes aprendan más rápido y con mayor sentido de propósito estarán mejor posicionados. El Salvador ya dio el paso de empezar a usar la IA; el siguiente es convertir esa experiencia en capacidades propias, medir resultados con rigor y seguir aprendiendo del mundo.