Editorial publicado en la edición julio-agosto de la revista www.eleconomista.net
Si El Salvador aspira a convertirse en un país de renta alta, debemos asumir un reto de fondo: transformar la educación para cerrar las brechas de productividad y crear oportunidades para todos.
Hoy, el mercado laboral muestra un estancamiento preocupante. Según datos del Banco Central de Reserva, en 2021 el producto por trabajador en el sector informal fue de apenas US$2,911 anuales, mientras que en el sector formal fue nueve veces mayor, alcanzando US$26,857. Pero a pesar de esta brecha, la estructura ocupacional no ha cambiado en casi un cuarto de siglo: cerca del 70% de los trabajadores permanece en el sector informal. Esto significa que la mayoría de la fuerza laboral sigue atrapada en actividades de baja productividad, sin posibilidad de acceder a mejores ingresos y calidad de vida.
Además, existe una paradoja que no podemos ignorar. Por un lado, las empresas señalan que uno de los mayores obstáculos para invertir y exportar más es la falta de talento humano con las competencias que requieren. Por otro, muchos de salvadoreños afirman que es muy difícil encontrar trabajo. Esta desconexión refleja una brecha entre las habilidades que ofrece el sistema educativo y las demandas del mercado.
Hay tres factores clave detrás de este problema:
- Cobertura insuficiente. Aunque hemos avanzado en educación primaria y media, solo el 36% de la población adulta completó el bachillerato. Si no aceleramos el ritmo, se estima que en los próximos 25 años entre 500 mil y 800 mil jóvenes no alcanzarán ese nivel.
- Calidad deficiente. En la prueba internacional PISA 2022, El Salvador ocupó el puesto 77 de 80 países en matemáticas, con casi 90% de los estudiantes por debajo del nivel mínimo requerido para desenvolverse en el mundo laboral actual.
- Desalineación con el sector productivo. Faltan esfuerzos sistemáticos de coordinación entre empresas y universidades para alinear la formación académica con las necesidades del mercado.
Superar estos desafíos requiere visión y compromiso. Es hora de invertir más y mejor en educación, fortalecer la formación técnica y tecnológica, y construir puentes sólidos entre academia y sector privado. Solo así podremos facilitar la transición de millones de trabajadores hacia actividades de alta productividad y abrir el camino a un crecimiento sostenible e inclusivo.
El Salvador tiene una gran oportunidad. Convertirnos en un país de renta alta es posible si apostamos, con decisión, por el desarrollo del talento humano como base de nuestra competitividad.