*Un blog del Departamento de Estudios Económicos

Originalmente publicado en revista El Economista, edición diciembre 2022.


Las transacciones con el exterior son una valiosa fuente de información para valorar el estado de una economía. Si los gastos con el exterior son mayores que los ingresos, se establece un déficit de cuenta corriente (CC) en la Balanza de Pagos, que se financia con capital o deuda externa. Esto es posible si hay acceso a los capitales del exterior; de lo contrario, el país se vería obligado a reducir su gasto, o contraer la economía.

Con US$1,435.4 millones o el 9.3% del PIB, al primer semestre de 2022, la CC registró el déficit más alto de las últimas dos décadas. En conjunto, los pagos por importaciones, aumentados por los precios de los combustibles, superaron a los ingresos por exportaciones aun incluyendo las remesas y otros ingresos.

En parte, dicho déficit se cubrió con contratación de deuda externa por parte de agentes privados y públicos, la cual alcanzó al cierre de 2021 el 70.6% del PIB. Desde enero a junio de 2022, la deuda externa se incrementó en US$994.4 millones; donde destacan US$414.5 millones del Banco Central de Reserva (BCR) y US$277.2 millones de las instituciones financieras. Este último incremento, puede estar relacionado con una alta demanda de crédito para el sector bancario, el cual se expandió a 9.8% a septiembre, mientras que los depósitos, que alcanzaron US$17,643 millones en abril, dejaron de aumentar.

Durante la crisis financiera 2008-2009 y la pandemia por COVID-19, la CC se redujo y fue menor que el déficit fiscal. Durante ambos episodios, mientras el fisco requirió más financiamiento, el sector privado percibió un fuerte ajuste o reducción del gasto, hasta de 9.7% puntos porcentuales del PIB en 2009 y hasta 8.2% puntos porcentuales del PIB en 2020, lo que contrajo la economía, en -2.1% y -8.2%, respectivamente.

Este aspecto, deja en relieve la vulnerabilidad del sector externo, donde un escenario desfavorable se configuraría si el déficit fiscal y el déficit privado se mantuvieran. Por un lado, si el déficit fiscal, difícil de disminuir se mantiene, y se materializan dificultades para acceder a financiamiento externo, el gasto del sector privado tendría que disminuir. De igual manera, la liquidez interna también descendería, en tanto que los fondos prestables internos se canalizarían hacia el financiamiento del sector público. La situación sería aún de mayor restricción si el déficit privado se mantiene alto, por los precios de los combustibles. En función de cómo se acomodan los acontecimientos, 2023 podría ser un año de ajuste de la economía, frenando así el crecimiento económico

La experiencia histórica ha mostrado que la prudencia en el gasto es siempre una fortaleza. Ante el aumento de los precios de energía y alimentos, la economía salvadoreña respondió con más gasto y un mayor endeudamiento externo, en un contexto de menor liquidez externa, donde las principales economías se están desacelerando y los principales bancos centrales han aumentado las tasas de interés. La inquietud que surge es si esta dinámica seguirá siendo sostenible si continúan elevados los precios, o surge un nuevo shock exógeno.