Editorial publicado en la edición junio-julio 2025 de la revista: www.eleconomista.net
La creciente digitalización y el uso intensivo de tecnologías como la inteligencia artificial (IA) están impulsando una demanda energética sin precedentes. Según la International Energy Agency (IEA), una organización intergubernamental que trabaja con los gobiernos y la industria para asegurar un futuro energético seguro y sostenible para todos, en un publicación de este año sobre energía e IA, señala que esta tendencia plantea un doble desafío: asegurar el suministro energético y avanzar hacia una generación más limpia y libre de emisiones para mitigar el cambio climático.
Aunque sin energía no hay IA, la relación también funciona al revés: la IA puede ser una herramienta clave para transformar el sector energético. Puede mejorar la eficiencia en la generación, distribución y consumo de energía; proteger infraestructuras críticas ante ciberataques; y acelerar la transición hacia fuentes más limpias.
La IEA identifica tres pilares estratégicos para responder a esta transformación. Primero, diversificar la matriz energética para garantizar una oferta estable, considerando renovables, gas natural, geotermia avanzada y pequeños reactores nucleares. En este sentido, El Salvador ya ha dado un paso al aprobar una ley sobre energía nuclear, y la incorporación del gas natural a la matriz energética. Segundo, invertir en infraestructura eléctrica flexible y robusta, capaz de responder al crecimiento de los centros de datos y a nuevas demandas territoriales. Y tercero, fomentar el diálogo entre el sector eléctrico, los desarrolladores tecnológicos y los responsables de políticas públicas.
A nivel internacional, crece el debate sobre cómo la IA puede ayudar a reducir su propia huella de carbono y la de otros sectores. Su capacidad para analizar grandes volúmenes de datos y detectar patrones en sistemas complejos puede optimizar procesos en manufactura, minería, transporte marítimo y operación portuaria, entre otros.
La misma IEA estima que el uso de IA en manufactura podría generar, para 2035, ahorros energéticos equivalentes al consumo actual de un país como México, por ejemplo. Casos concretos ya lo demuestran: Octopus Energy, a través de su software Kraken, administra el uso de energía en medio millón de dispositivos, usando más de 8 mil millones de datos, lo que ha evitado la emisión de 16 millones de toneladas de CO₂ (dióxido de carbono). Por su parte, la empresa austríaca Hydrogrid optimiza el flujo de agua en presas con múltiples turbinas, logrando aumentos de hasta un 10% en generación eléctrica (ver edición del 12 de abril de 2025 de la revista The Economist).
Bill Gates, en su libro Cómo evitar un desastre climático (2021), destaca tecnologías emergentes como el hidrógeno verde, biocombustibles avanzados y la fusión nuclear, y subraya el rol de la política pública para acelerar su adopción. Para países como El Salvador, esto implica fortalecer la inversión en investigación y desarrollo (I+D), asumir riesgos en sectores estratégicos y articular esfuerzos entre gobierno, empresas y universidades.
En esta encrucijada energética y tecnológica, el país puede pasar de ser un consumidor pasivo a un actor propositivo en la región, si apuesta por la innovación como eje de su estrategia de desarrollo.