A nivel global, el desperdicio de alimentos es una problemática de proporciones alarmantes, con profundas implicaciones económicas, sociales y ambientales. No solo representa una pérdida económica considerable, sino que agrava el problema del hambre y la inseguridad alimentaria en muchas regiones del mundo. Se estima que más de un tercio del peso del producto fresco, equivalente a 192 millones de toneladas anuales solo en Europa, se descarta durante el procesamiento de frutas y hortalizas.